Septiembre es uno de mis meses preferidos pero desde hace un tiempo se ha convertido en una apisonadora descontrolada, un torbellino que arrasa por igual con los propósitos y las rutinas que considerábamos sanas e inamovibles antes de la llegada del curso escolar.
Este septiembre lucho la batalla de ser más optimista sin caer en lo fácil sino siendo consciente de que voluntariamente estás eligiendo quedarte con lo bueno, con todos esos pequeños detalles que sí que funcionan, en esas cosas que sí que salen bien... en definitiva, en lo que evita que nos volvamos grises o pequeños.
La casa de septiembre es un poco eso, una limonada hecha con limones de apariencia fea, pero que resulta ser una bebida fresca, reconfortante ante el calor y la envidia de todas aquellas hechas con los mejores limones. ¿Y qué tiene de interesante esta casa? Pues en primer lugar, que es la casa de un arquitecto, y esto siempre es interesante porque yo mantengo la tesis de que mi casa no podría estar hecha por mí (a ver, esto lo digo con la boca pequeña porque en realidad sí, salvo que me parece un ejercicio de estilo bien complicado). En segundo lugar, porque en sus 18.84m² se vive, se ama, se crea. Para acabar, porque cuantas más veces la miro, más me gusta, más detalles encuentro, tanto arquitectónicos, como de quien la habita.
Takeshi Hosaka construyó esta casa en Tokio para mejorar su calidad de vida ya que los desplazamientos de su mujer y él entre su casa y el trabajo eran cada vez menos llevaderos. Decidió entonces tener un refugio mínimo que les permitiese conciliar y mantener la cordura.
Espero que os guste.
L.
Fotografías de TOREAL KOJI FUJII
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