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El teléfono sonó en mitad de la oscuridad. ¿Quién podría ser a esas horas? Aquel día gris ya había dado paso a la noche hacía varias horas. Descolgó y una voz familiar le preguntó si la reconocía. Mientras sus manos temblorosas trataban de agarrar el aparato, su semblante fue dibujado con una sonrisa triste. ¿Cómo no iba a reconocer esa voz que se había convertido en la de un hombre ante sus ojos? Hacía mucho tiempo que no sabía nada de su vida, o por lo menos, mucho más desde la última vez que habían hablado. Sabía que las cosas le iban bien. Aquello no era una buena nueva, sino una realidad que le había acompañado toda su vida. Sus sentimientos habían sido especiales, siempre había esperado grandes cosas de él. Desde el momento en que el timbre del teléfono rompió la soledad que acentúa la noche, sintió que aquello sería una despedida. Quiso ser fuerte. Despegó sus labios. - Espero que seas muy feliz. Estoy segura de que la vida te deparará todo lo bueno que se merece alguien com...

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Hay recuerdos como fotografías que, cuando los revelamos en la cubeta de la memoria –esa cubeta mágica y secreta que todos ocultamos en el cuarto de atrás de nuestras vidas-, aparecen movidos o velados parcialmente. Son los recuerdos que preceden al olvido. Vemos su imagen, queremos reproducir el tiempo al que pertenecen, o su lugar concreto, o lo que para nosotros supusieron en su día, pero, por alguna razón, por más que lo intentamos, no podemos conseguirlo. Por eso nos producen una gran melancolía. Entre cada recuerdo- como entre cada fotografía- quedan siempre unas zonas en sombra bajo las que se nos ocultan trozos de nuestra propia vida; trozos de vida a veces tan importantes, o tan significativos, como los que recordamos o como los que viviremos todavía. Son esos cortes en negro que sustituyen en las películas a los fotogramas rotos o quemados por las máquinas y que hacen que cada vez sea más complicado poder seguirlas. Al final, cuando se repiten mucho, terminan por hacer el re...
Hacía mucho tiempo que no me acordaba de aquella mujer. Resultó inevitable que el comentario que acababa de escuchar no me revolviese. No era nada fuera de lo común y de lo esperado, y sin embargo, su recuerdo en mi cabeza era atemporal. El paso del tiempo no había hecho mella en ella. Siempre la había admirado. Quizás no era alguien excepcional, increíble o interesante. Realmente creo que nadie lo es salvo en la mente de los demás. Para mí lo era, incluso siendo consciente que ese halo, esa imagen, pertenecía a mi mundo de infancia. Aquella mujer había sido tan importante para mí que cuando dejé de verla, su ausencia me perturbó sobremanera. Era entrañable, permisiva, alegre. La tienda que regentaba era el mayor de los paraísos existentes en aquella villa marinera y a pesar de no compartir genética, disfrutaba de su compañía sin ser consciente del lazo familiar que se iba tejiendo entre ambas. El destino nos separó. Volver a verla fue un regalo no concedido. Perder el último buen...

con un sentimiento

El otro día tuve el placer de escuchar a Ara Malikian en directo. Si no le han escuchado nunca les aconsejo que busquen su música, compuesta por el maravilloso guitarrista Fernando Egozcue. Solo se me ocurre una palabra. Complicidad. La clave del éxito de esta gira (sin obviar que ambos son unos músicos fantásticos) es la complicidad que existe entre ellos y que inunda el escenario del teatro en cuanto salen. Ara pone la pasión desbordada, los saltos, lo maetral, mientras que Fernando discreto y cauteloso, se mantiene en un segundo plano y abraza su guitarra de una manera tan atractiva que al final no sabes si lo que ves es la figura de una guitarra y un hombre, o la silueta de dos amantes. Supongo que no hay nada que les parezca trascendente, pero llegados a este punto, me encontré a mí misma reflexionando. No sé cuanta gente habría en la sala, ni tampoco si mucha de esa gente iba convencida o a la aventura de sorprenderse. La cuestión es que, en mi embriaguez de emoción, con la p...

...con dejar que el genio salga a la luz

En ocasiones padezco un miedo infantil, una sombra, un fantasma que me persigue y me impide pensar con claridad. ¿Pueden comprender que el aprendizaje genere miedo? Llevo días dándole vueltas a la posibilidad de que una enseñanza que consigue semejantes resultados pueda tener algo positivo. En lo que a mí respecta, siempre he defendido que una   base teórica ha de estar complementada con la praxis. Cuando ambas se aúnan es posible obtener resultados maravillosos. Sin embargo, desde el punto de vista que me concierne ahora, esa enseñanza no puede ser estricta en cuanto al arte se refiere. Es cierto que es necesario conocer y dominar la técnica para establecer ciertos criterios. Un hombre puede tener un don especial para la música hasta el punto de no necesitar partituras pero, ¿qué ocurrirá cuando quiera escribir su obra si ni tan siquiera sabe lo que es un pentagrama? Resulta un ejemplo ingenuo, pero todo se traduce a ello. Existen personas con talentos especiales, capaces de hacer...

...sueñan con Woody Allen

C ien minutos de felicidad. Eso es lo que sucede cuando sentado en la oscuridad y con un título como única información se enciende la pantalla. Las imágenes llenas de luz comienzan a aparecer. París y el jazz lo envuelven todo. Durante los cinco primeros minutos estás convencido de que el precio de la entrada ya está amortizado y si se acabase la película en ese mismo momento volverías a casa con la misma sensación que te produce algún recuerdo de infancia. Sin embargo, tan sólo es el principio, todavía te quedan 95 minutos de felicidad. No ésa producida por una comedia que no te da ni un respiro, sino la que consigue mantenerte sereno y ansioso. Fina, sutil, plena. La misma sensación que queda cuando despiertas del maravilloso sueño al aparecer los últimos créditos. Entonces sales del cine y no puedes evitar pensar, fantasear, sonreír. Dicen que París es siempre una buena opción. Si encima es de noche y puedes pasear bajo la lluvia corres el riesgo de que tanta felicidad te pued...

Cuando los elefantes sueñan...

Tras mucho tiempo y ante esta nueva aventura, me adentro en este mundo, bisoña e ilusionada. Este blog no tiene ninguna intención que no sea disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, reflexionar sobre todo lo que nace de ella e intentar que alguien en algún rincón pueda sentirse feliz o indentificado. Encontrarán extravagancias, pensamientos, cosas variopintas... Si deciden quedarse y compartir un trocito de esta alocada existencia desde un punto de vista soñador, serán bienvenidos. Los elefantes, aun siendo animales, nunca habían sido tan humanos. Mis elefantes se despiertan y abren sus ojos a lo que les rodea. Descubren todo lo que anida en el mundo. Ríen, sufren, cantan, bailan, dibujan, pasean, odian, viajan, leen, lloran, aman...sueñan.